23 feb 2012

El mejor amigo

Los últimos cinco días de mis vacaciones en aquél camping, cambiaron completamente mi pensamiento con respecto a la relación humanos - perros.

Tuve la dicha de nacer en un hogar donde ya habían perros. Pude pasar mi infancia acompañada de estos maravillosos y leales animales.


Yo era muy pequeña el día que murió mi primer perra, es una sensación que jamás olvidé.
Tuve la "suerte" de no tener que ver morir a ningún otro, ya que a uno se lo robaron, y a la otra tuvimos que regalarla porque perdimos nuestra casa, y no podíamos tener una gran danés en un pequeño departamento.

Esa tarde ambas estábamos bajo la mesa de la cocina, ella me miraba desconcertada, sabía que algo raro pasaba, mientras yo lloraba y la abrazaba, jamás la volvería a ver.


Hace más de trece años que me despedí de ella. Jamás volví a sentir ese dolor... hasta hoy.


Pasamos nuestros últimos días de vacaciones en un camping de San Rafael, Mendoza. Una de las primeras cosas que hice antes de ponemos a armar la carpa, fue saludar y abrazar a unos perros que correteaban por ahí.
No tardé mucho (bueno, nada) en encariñarme.

Es realmente increíble cómo un ser, que no habla tu mismo idioma, pueda comunicarte tan claramente sus sentimientos.
Eran cuatro perros de personalidades extremadamente diferentes, pero cada uno, a su particular manera, te hacía entender lo feliz que estaba de verte luego de un rato fuera del camping.


Fue duro despertar hoy por la madrugada, sabiendo que les daría el último abrazo.

Siguieron el auto hasta la puerta, y uno de ellos quedó frente a nosotros, delante del vehículo, prohibiéndonos el paso.
Nos miraba fijamete mientras lloraba, porque sabía que era el fin.

Tuvimos que dar marcha atrás para esquivarlo.
Corrió tras el auto por la ruta, hasta que quedó parado, mirando cómo nos alejábamos.

Lloré gran parte del viaje, sintiendo nuevamente, después de tanto tiempo, ese abandono forzado.


No es errado decir que el perro es el mejor amigo del hombre. Ellos logran sacar lo mejor de nosotros.
En los pocos días que conviví con estos cuatro perros, reviví emociones que sólo ellos te pueden hacer sentir.


Ahora, me es imposible no encontrar en otras miradas esa expresión, esos ojos miel tan expresivos que me hicieron revivir tantas cosas olvidadas.


Para muchos, comparar un animal con un amigo, un hijo, o cualquier integrante de la familia, es exageración.
Yo sólo lamento que algunos humanos no se puedan dar la oportunidad de ser amados incondicionalmente por un ser que jamás te traicionaría, por un ser que daría la vida por vos, sin pensarlo.


Son conocidas muchas historias en las que, el humano muere, y el perro se queda esperándolo, sin comer ni beber, hasta que muere de tristeza.


Todos nosotros deberíamos aprender un poquito de este animal


20.02.2012

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